
Las infames gárgolas de Keshatta, ciudad de magos, han sido temidas durante mucho tiempo, a pesar de ello un filósofo loco de las artes oscuras busca estudiarlas y desentrañar el secreto de su creación. Ha sido parcialmente exitoso sigue trabajando fervientemente para descubrir su naturaleza profana.
Profundo entre la Ciudadela del Anillo Negro en una instalación enterrada muy lejos de la luz del sol es donde trabaja Excorant, un hechicero capaz de moldear la piedra para crear burdas imitaciones de la vida humana; gárgolas blasfemitas repletas de colmillos y talones capaz de destrozar una armadura en trozos, quebrar escudos y trocear la carne en finos tajos.
Los experimentos de Excorant requieren un suministro continuado de víctimas. Los criminales, los destituidos y los locos son suplementados con esclavos, prisioneros extranjeros y ciudadanos desafortunados de Keshatta secuestrados en sus callejones. Lo que les sucede es algo indescriptible con palabras ya que son completamente sacrificados en el proceso de creación. Todo lo que se encuentra a lo sumo son cadáveres con los pechos abiertos dejados en el exterior de la puerta arqueada del laboratorio para que otros magos del Anillo Negro los usen.
Los brebajes alquímicos y mezclas malditas que usa Excorant para animar a sus seres de piedra son desconocidas; el protege su fórmula de cerca contra sus celosos competidores y siempre está protegido por sus siempre vigilantes de piedra.
Pero a pesar de sus poderes alquímicos y sus escoltas inhumanos, es otro el poder de hechicero el que mantiene en su lugar a los traicioneros Magos Negros. Un destino eterno mucho peor que la muerte...